CARMEN PORTO FERREIRO
Carmen Porto es una emigrante europea que ha recorrido, junto a su marido, diferentes países del continente. Después de probar distintos trabajos, sociedades y formas de vida afirma que se quedaría con la experiencia vivida en Suíza. Esta gallega decidió dejar atrás a su familia con 18 años y recorrer mundo viviendo la experiencia de la emigración.
¿Cómo fue el contexto de iniciar este viaje?
En los años 60, muchos gallegos emigraron a Suiza por motivos económicos, buscando trabajo y mejores salarios que los que ofrecía Galicia, especialmente en el campo. A diferencia de la emigración a Venezuela, esta era vista como temporal: trabajar unos años, ahorrar y volver.
Fue una emigración más silenciosa y sacrificada, sin tanta integración social, pero muy importante para el desarrollo económico de muchas zonas rurales gallegas. Aunque menos visible que otras diásporas, dejó una huella profunda en la vida de muchas familias.
¿Cuáles son las primeras diferencias que te encuentras a tu llegada?
Galicia ofrecía una cocina basada en el mar, el campo y la familia; Suiza, una más fría, práctica y centrada en la eficiencia y la conservación. Dos maneras muy distintas de entender la comida y la vida.
Tras acuerdos bilaterales entre Suiza y Turquía, muchos ciudadanos turcos llegaron como mano de obra barata para sectores como la construcción, la industria pesada, la limpieza y los servicios. Turquía atravesaba en esa época dificultades económicas, desigualdades sociales y un alto desempleo rural, lo que impulsaba a miles de personas a buscar mejores condiciones en Europa.
¿Encontraste alguna sorpresa en el ámbito laboral?
Los gallegos llegaban como emigrantes para ocupar empleos físicos y de baja cualificación, principalmente en la construcción, la industria y el servicio doméstico. Trabajaban muchas horas, con esfuerzo constante, y aceptaban condiciones duras porque su prioridad era ahorrar y enviar dinero a Galicia. Eran vistos como trabajadores serios y cumplidores, pero estaban al margen de los puestos más estables o bien remunerados.
¿Y en cuanto a la educación personal?
Dado que los suizos son discretos y cuidadosos al dar un regalo (por lo general bien pensado y en el momento justo), esperan una aceptación educada y agradecida, incluso si el regalo es modesto. No aceptarlo directamente, sin una buena explicación, puede dar lugar a una impresión de distancia, rechazo personal o incomodidad social, especialmente si ocurre en un entorno más íntimo o formal.
¿Te llevaste alguna sorpresa en el ámbito laboral con tus compañeros?
¿Qué diferencias encontraste con la comida?
¿Tenías algún plato estrella?
¿En qué idioma os comunicábais con los extranjeros?
¿Cómo hacías para entender a los nativos?
¿Qué diferencias sociales a la hora de acogeros encontraste entre los dos países?
En los años 60, Galicia era una sociedad rural, tradicional y muy unida, donde la familia y la comunidad local eran el centro de la vida social. Las relaciones eran cercanas, informales y basadas en la ayuda mutua, con un fuerte arraigo en las tradiciones católicas.
Por el contrario, Suiza era un país industrializado, urbano y multicultural, con una sociedad más formal y estructurada.
¿Cómo te llevabas con tus compañeras de trabajo?¿Y con tus jefes?
Las relaciones sociales eran más reservadas y se valoraba mucho la puntualidad, la eficiencia y el respeto al espacio personal. La familia era más pequeña y la diversidad religiosa mayor, lo que influía en un estilo de vida más individualista y organizado.
Estas diferencias hacían que la adaptación de los gallegos a Suiza fuera un reto cultural importante.
¿Notabas mucha diferencia en el humor?
¿Hay alguna anécdota graciosa que te apetezca compartir?
¿Tenían muchas celebraciones locales en Suíza?
La fiesta que se celebra el 1 de agosto en Suiza es el Día Nacional Suizo (en alemán: Bundesfeier; en francés: Fête nationale suisse; en italiano: Festa nazionale svizzera).
Esta fecha conmemora la fundación de la Confederación Suiza, que tradicionalmente se remonta al 1 de agosto de 1291, cuando los tres cantones originales (Uri, Schwyz y Unterwalden) firmaron el Pacto Federal, un acuerdo de alianza para defenderse mutuamente.
¿Había muchas reuniones sociales entre los habitantes?
En ese periodo, los Testigos de Jehová ya estaban presentes en Suiza desde principios del siglo XX, aunque eran una comunidad pequeña comparada con otras religiones tradicionales del país, como el catolicismo y el protestantismo.