Ida e Volta - Entrevista a Manuel

MANUEL NOGUEIRAS IGLESIAS

Debido a necesidades laborales, Manuel Nogueiras se ha recorrido diferentes países buscando mejorar su futuro personal. Tras marcharse con 15 años a Venezuela, volvió a España con su familia para poder seguir trabajando como mecánico. Este trabajo le llevó a pasar temporadas en Francia, Italia y Portugal.

¿Podrías hacernos un pequeño resumen de tu historia?

¿Cómo emigraste, cuál fue el contexto de tu viaje?

Muchos gallegos emigraban inicialmente solos, en su mayoría hombres jóvenes que partían con contratos de trabajo o incluso sin papeles, dispuestos a aceptar las condiciones más duras con tal de enviar dinero a casa. A menudo, una vez asentados, intentaban traer a sus esposas e hijos, dando lugar a procesos de reagrupación familiar. Otros, aunque en menor número, emigraban directamente en familia.

El viaje, generalmente en tren o autobús, era largo y duro. La despedida estaba cargada de emoción, y la llegada a un país extraño traía consigo desafíos enormes: aprender un idioma nuevo, adaptarse a una cultura distinta y soportar el peso de la soledad y la nostalgia. La “morriña”, ese sentimiento tan gallego de añoranza por la tierra natal, marcó profundamente la experiencia de muchos emigrantes.

Debido a tu experiencia, ¿te fué más fácil trabajar como empreado o emprender?

¿Qué diferencias notaste entre el pueblo del que venías y la ciudad a la que llegaste?

¿Ibas con la idea de quedarte allá?

¿Qué diferencias notaste entre países a la hora de encontrar trabajo?

Y en cuanto al idioma, ¿fué muy difícil la adaptación?

¿Qué diferencias laborales encontraste?¿Cantidad, calidad, etc.?

¿Tuviste algún malentendido debido al idioma en alguno de los países?

Cuando los gallegos llegaban a países como Alemania, Suiza o Francia, en las fábricas o trabajos industriales muchas veces no dominaban el idioma local al principio. Entre ellos, los gallegos se comunicaban casi siempre en gallego o en español, que eran sus lenguas maternas y con las que se sentían más cómodos. En grupos de trabajo formados por varios emigrantes de la misma región, el gallego era el idioma habitual para hablar, bromear o compartir información.

Sin embargo, en las grandes fábricas o empresas, donde trabajaban junto a trabajadores locales y personas de otras nacionalidades, la comunicación podía complicarse. En esos casos, muchas veces había intérpretes o compañeros que hacían de traductores improvisados para explicar las instrucciones o resolver problemas de trabajo. También se utilizaban formularios, señales o explicaciones muy básicas para superar la barrera lingüística.

¿Cómo eran los trabajadores franceses?

En los años 70, los trabajadores franceses y los gallegos emigrantes en Francia tenían experiencias laborales y sociales bastante distintas. Los franceses, al ser locales, contaban con mejor formación, estabilidad laboral y acceso a derechos como seguridad social y sindicatos fuertes. Por eso, sus condiciones de trabajo y salarios solían ser mejores.

En cambio, los gallegos llegaban generalmente desde zonas rurales con poca experiencia en la industria y enfrentaban condiciones más duras: trabajos menos cualificados, salarios bajos y jornadas largas. Además, tenían que superar barreras culturales y lingüísticas, lo que dificultaba su integración social y laboral.

Mientras los franceses trabajaban para mejorar su nivel de vida en su país, los gallegos emigraban buscando salir de la pobreza, enviando remesas a sus familias y con la esperanza de regresar o traer a sus seres queridos más adelante.

¿Y notabas mucha diferencia en la seguridad?

En Francia durante los años 60 y 70, la relación entre la policía y los emigrantes, incluidos los gallegos, era en muchos casos tensa y complicada. Por un lado, la policía ejercía su función de control y orden público, y por otro, los emigrantes muchas veces vivían en barrios marginales o en condiciones precarias que atraían la atención policial.

Los emigrantes podían ser vistos con desconfianza por las autoridades, especialmente cuando vivían en comunidades cerradas o cuando existían conflictos laborales o sociales. Además, al ser extranjeros, estaban más expuestos a controles de identidad frecuentes, que a veces podían derivar en trato discriminatorio o abusivo.

¿Cómo eran las celebraciones en Francia?¿Festejan mucho?

La fiesta del 16 de julio en Francia tiene un significado especial para muchos emigrantes gallegos y españoles. Se trata de la celebración de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros y también muy venerada en Galicia.

Muchos gallegos que emigraron a Francia, especialmente en ciudades con comunidades costeras o portuarias, mantuvieron viva esta tradición como una forma de conservar su identidad cultural y espiritual lejos de casa. La Virgen del Carmen se celebra cada 16 de julio con procesiones, misas y festividades que reúnen a las comunidades emigrantes.

En Francia, estas celebraciones se organizaban en parroquias o centros culturales españoles y gallegos, y eran una ocasión importante para reunirse, compartir comida típica, música y reforzar los lazos con sus raíces. La fiesta no solo tenía un sentido religioso, sino también social y emocional, ayudando a combatir la nostalgia y mantener viva la cultura gallega.

¿Hubo alguna costumbre que te llamara la atención en Francia o Italia?

En Galicia, la dieta tradicional está muy basada en productos del mar y de la tierra: pescados frescos como la merluza, mariscos (mejillones, percebes, almejas), además de verduras, legumbres y carnes de cerdo o vacuno. Platos como el pulpo a la gallega, lacón con grelos o empanada son típicos y muy apreciados. La cocina gallega es sencilla, con ingredientes frescos y sabores poco complicados, muy ligada a la temporada y al producto local.

Al llegar a Francia, los gallegos encontraron una gastronomía más variada y elaborada, con influencias regionales muy marcadas. En Francia, se consumen más quesos, vinos, panes variados y platos con salsas y técnicas culinarias más complejas. Además, la cultura gastronómica francesa pone mucho énfasis en la presentación y el disfrute de la comida como un momento social. Para los gallegos, al principio, la comida francesa podía resultar más rica o pesada, con más mantequilla o cremas, pero también fue una oportunidad para conocer nuevos sabores.

En Italia, la dieta está centrada en ingredientes mediterráneos como el aceite de oliva, tomate, pasta, arroz y quesos frescos. La comida italiana es fresca y sencilla, con platos muy populares como la pasta, la pizza o los risottos. Para los gallegos, la comida italiana les resultaba más cercana por el uso del aceite de oliva y los ingredientes frescos, aunque con sabores y combinaciones distintas. La cultura italiana también valora mucho la comida en familia y el momento de la mesa.

Y la gente, ¿dónde dirías que son más sociables?

En Galicia, la socialización tradicional está muy ligada a la vida rural y comunitaria: las reuniones familiares, las fiestas patronales, las romerías y la vida en los pueblos son el centro de la vida social. Se comparte mucho en espacios al aire libre, en plazas, bares y casas, donde la conversación, la música y la comida unen a la gente. Las relaciones suelen ser cercanas y duraderas, con un fuerte sentido de comunidad y solidaridad.

Cuando los gallegos emigraban a Francia, la socialización cambiaba bastante. En las ciudades o barrios donde se asentaban, muchos vivían en barrios obreros o residencias colectivas. Ahí, la socialización era más funcional y basada en las redes de emigrantes: se reunían en asociaciones culturales, parroquias o bares españoles para mantener vivas sus tradiciones y lengua. La socialización servía también para apoyarse mutuamente ante la dureza de la vida en el extranjero. Además, el ritmo urbano y la vida laboral industrial condicionaban que las reuniones fueran más breves y organizadas en torno a momentos concretos (festividades, domingos, comidas).

En Italia, la socialización tenía un componente familiar muy fuerte, similar al de Galicia pero con ciertas diferencias. La familia italiana suele estar muy unida y las reuniones familiares son frecuentes y numerosas, a menudo alrededor de la comida. Los gallegos que emigraban a Italia a menudo participaban en estas dinámicas familiares y comunitarias, que les resultaban bastante cercanas culturalmente. Sin embargo, al ser un país también con mucho arraigo regional, los emigrantes solían juntarse con sus propios compatriotas para mantener su identidad.

¿En esos países había mucho sentimiento de comunidad?

En Francia, donde la mayoría de los gallegos se instalaron en barrios obreros de ciudades industriales, el sentimiento de comunidad era muy fuerte. Al vivir en espacios urbanos densos y a menudo en condiciones difíciles, los emigrantes se apoyaban mucho entre sí para mantener su identidad cultural, ayudarse con el trabajo, la vivienda y la adaptación. Las asociaciones de emigrantes, las parroquias y los centros culturales eran puntos clave para reforzar ese sentido de pertenencia y crear redes de apoyo mutuo. En ese contexto, la comunidad funcionaba casi como una “familia extendida”, muy cohesionada.

En Italia, el sentimiento de comunidad también era fuerte, pero tenía un matiz diferente. La cultura italiana, muy centrada en la familia y las tradiciones regionales, hacía que los gallegos se integraran tanto en sus propias redes como, en cierta medida, en las familias o vecindarios italianos. Así, aunque mantenían vivas sus raíces, podían tener una relación algo más abierta con la sociedad local, lo que a veces diluía un poco la exclusividad de la comunidad gallega pero favorecía una integración más familiar y cercana.

En Galicia, claro, el sentimiento de comunidad es natural y está profundamente arraigado en la vida rural y en las costumbres locales. La emigración en el extranjero potenció este sentimiento en los emigrantes porque se aferraban a su identidad como un refugio ante la distancia y las dificultades.

¿Había mucha diferenica en el clima?

¿Cómo era la sanidad en Francia en aquella época?

¿Si pudieras traerte algo del extranjero, que sería?¿Y al revés, y llevarte algo de aquí?

¿Qué es lo que más echas de menos de mientras estabas emigrado?

¿Qué consejo le darías a una persona que quiere emigrar?